PREJUICIOS DE HOY |
Tullio Masera |
|
Otro concepto que se impuso en tiempos más o menos recientes, pues su origen histórico data de fines del siglo XIX, es el de civilización. Qué es lo que debe entenderse con esta palabra no está muy claro, tanto más que se pretende usarla, como en general sucede, de una manera absolutamente específica, limitando su validez en el tiempo y en el espacio. Según los modernos, la civilización por antonomasia, o sea la «Civilización» con mayúscula, es la actual; todo aquello que la precedió no fue sino una preparación para ella y, además, según una «corriente» bien precisa, que tiene como punto de partida, vaya uno a saber por qué, la cuenca del Mediterráneo (para desatar cualquier duda bastará consultar algún libro de historia, aun de la escuela primaria), que pasa obligatoriamente por la Grecia y el Imperio romano y que, siempre en Europa, después del «oscurantismo» medieval, el Renacimiento y más tarde el Iluminismo, desemboca por fin en la presente era, ápice momentáneo de este supuesto movimiento ascensional. La clave del proceso mental que ha sido puesto en práctica para justificar esta supremacía no es difícil de descubrir: así como el caballo, montado primero a pelo y después con la silla, o bien la carroza, fueron reemplazados por el automóvil, el avión y el reactor; así como la vieja diligencia encontró en el tren un sustituto mucho más válido; así como los ojos se vieron potenciados, primero por el catalejo y luego por la televisión, y los oídos por el teléfono o por la radio, y las manos por las grúas, los martillos neumáticos y otros muchos instrumentos que incrementan su capacidad de obrar; así como la piedra arrojada se convirtió primero en flecha, después en rudimentario arcabuz, más tarde en fusil automático y ahora en mortífero misil; de la misma manera, aquel que los modernos imaginan ser el hombre de los primordios, semidesnudo y semideficiente, que en aquellas que gustan llamar las tinieblas de la prehistoria se nutría exclusivamente de bayas y carnes crudas, se ha vuelto cada vez más «civilizado». Nos parece evidente que este juicio, basado solo en los progresos de la técnica, es totalmente unilateral y, como tal, falto de significado efectivo, tal como lo sería, por ejemplo, evaluar el vigor de una población únicamente en función de su estatura. Más adelante examinaremos algunos aspectos de la actual civilización que, a nuestro ver, resultan decididamente contrapuestos con respecto a la opinión que quiere hacer de ésta el súmmum de las posibilidades humanas. Por ahora, nos limitaremos a observar, que esto se halla en contraste con ese carácter cíclico de los fenómenos naturales de que hablábamos en la primera parte de este artículo, no sólo como expresión de una verdad tradicional, sino también como consecuencia del simple uso de las facultades lógicas. Y sin embargo, parece increíble, menos de un siglo de insistente propaganda sobre el progreso técnico-científico bastó para condicionar tales facultades a tal punto que cualquier juicio tiene que ser de orden técnico, todo lo que vale la pena de ser examinado debe serlo únicamente desde un punto de vista técnico, y cualquier cosa que escape a dicho dominio se procura considerarla como inexistente. Así, sucede que en la historia de la «Civilización» y del «Progreso» haya sido «olvidado» uno que otro continente, como Asia y América, o algunas poblaciones como la china, la india y la americana, invirtiendo por completo el acostumbrado criterio cuantitativo, que constituye una de las características de la mentalidad técnica (mas, ¡qué importan las contradicciones!), o sea desatendiendo miles de kilómetros cuadrados de tierras y millones de personas, exclusivamente a favor de una reducida minoría de Griegos y Romanos habitantes los estrechos límites del mundo «entonces conocido» (pero, ¿conocido por quién?, ¡Por favor!). […] ♦ |