ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL «CUADRO DE LOGIA»
Revista de Estudios Tradicionales Nº 14, págs. 51-60
(Fragmento)

Bruno Rovere

El Cuadro de Logia constituye, en la Masonería especulativa, un elemento indispensable para la apertura y el desarrollo ritual de los trabajos, puesto que su presencia, en virtud de la influencia espiritual inherente a los símbolos ahí representados, sacraliza el lugar en el que tales trabajos se desarrollan, aunque se trate de un lugar despojado de cualquier otro símbolo masónico [1]; desde este punto de vista, la diferencia que se constata en los símbolos representados en el Cuadro de Logia utilizado en cada uno de los tres grados, puede corresponder no sólo a un tipo de trabajo distinto, sino también a una diversa modalidad de acción de la influencia espiritual, o bien a la acción de modalidades diferentes de la influencia espiritual.

Por su colocación central, y puesto que reproduce los principales símbolos que deberían decorar el Templo, el Cuadro de Logia es un símbolo del «centro», el cual, como apuntaba René Guénon refiriéndose a la «rueda cósmica» [2]: «debe por otra parte ser concebido como continente principialmente a la rueda entera, motivo por el cual Guillaume Postel describe el centro del Edén (que es simultáneamente el “centro del mundo” y su imagen) como la “Rueda en medio de la Rueda”» [la cursiva es nuestra].

Habida cuenta de la importancia que el Cuadro de Logia reviste en la Masonería especulativa, resulta sorprendente su ausencia, por lo que se puede saber, en la antigua Masonería operativa, y esto plantea dos problemas, por otra parte estrechamente relacionados: ¿qué es lo que sustituye, en la antigua Masonería operativa, al Cuadro de Logia, y cuál es el origen de este último? Para tratar de encontrar una solución a estos problemas, conviene referirse a lo que se conoce, gracias a la obra de R. Guénon y a las cartas de Clement Stretton [3], acerca de los antiguos rituales operativos.

En la antigua Masonería operativa existían siete grados [4] y dos grandes Cuerpos: la Masonería de la Escuadra (Square Masonry), o Masonería azul, y la Masonería del Arco (Arch Masonry), o Masonería roja, y a esta última solamente le correspondía como instrumento el compás. Ambos Cuerpos poseían siete grados, que en la Masonería de la Escuadra, de la cual derivó más directamente la Masonería especulativa que todavía hoy se llama precisamente Azul, eran, según cuanto refiere C. Stretton, los siguientes:

I° grado, o grado de los Aprendices (Apprentices), quienes con martillo, cincel y regla, desbastaban la piedra bruta. Después de siete años obligatorios de Aprendizaje, o sea desde los 14 hasta los 21 años, durante los cuales no podían contraer matrimonio ni tener relaciones con mujeres, éstos pasaban al segundo grado y se convertían así en Francmasones (free-masons).

II° grado, o grado de los Compañeros (Fellows of the Craft), quienes con los mismos instrumentos de los Aprendices y a más con escuadra, nivel y plomada, escuadraban a la perfección la piedra desbastada. Ellos eran conocidos con el nombre de Giblim [5].

III° grado, o grado de los Supercompañeros (Super-Fellows), o Compañeros de la Marca, quienes controlaban la piedra escuadrada y la marcaban con mallete y cincel [6].

IV° grado, llamado Sitio del Templo, donde los instaladores, sin emplear instrumentos metálicos, colocaban y erigían, según el orden de las marcas, las piedras procedentes del grado anterior. En este grado se llevaba a cabo, por lo tanto, la construcción del Templo.

V° grado, o grado de los Superintendentes de los Trabajos, cuyo nombre hebreo era Menatzchim [7], y cuya función era la de instruir y vigilar a los Aprendices y Compañeros de grado inferior.

VI° grado, o grado de aquellos que habían superado el examen de Maestro (Passed-Masters), y cuyo nombre hebraico era Harodim [8]. Ellos no podían ser más de quince.

VII° grado, constituido por los tres Maestros Masones en funciones, quienes representaban respectivamente al Rey Salomón, Hiram Rey de Tiro, e Hiram-Abif, el Arquitecto.

En una Logia operativa, con arreglo a lo que refiere C. Stretton, los trabajos se desarrollaban simultáneamente en los siete grados, así es que se necesitaban siete salas, una para cada grado […]

 


[1] En los siete grabados de Gabanon, remontantes al año 1745 y reproducidos en el libro de G. H. Luquet La Franc-Maçonnerie et l’État en France au XVIII siècle (ed. Vitiano, París, 1963), donde se hallan representados distintos momentos de una reunión masónica de la época, este aspecto es muy evidente.

[2] La Grande Triade, cap. XXIII, nota 11.

[3] C. Stretton había sido iniciado en una Logia operativa de Derbyshire, condado de Leicester, en 1866, cuando era estudiante de ingeniería, y había obtenido el VII° grado en 1909; su correspondencia con John Yarker en los años 1908 y 1909, y las cartas enviadas a la dirección de la revista «The Speculative Mason»a partir de 1910 hasta el año 1915, fecha de su muerte, constituyen una copiosa fuente de información sobre los aspectos operativos y rituales de la Masonería operativa. Extractos considerables de esta correspondencia han sido publicados en la revista «The Speculative Mason» entre 1950 y 1955, y es de allí que hemos sacado la mayor parte de las informaciones referidas en este artículo.

[4] Cf. R. Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, tomo II, pp. 40 y 45, en nota, y Simboli della Scienza sacra, cap. XVII, nota 10.

[5] Cf. R. Guénon, Simboli della Scienza sacra, cap. XLVIII, nota 4.

[6] Cf. R. Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, tomo I, pág. 261.

[7] Cf. R. Guénon, ibídem, tomo II, pág. 18.

[8] Cf. R. Guénon, ibídem, tomo II, pág. 18.