LA
INFLUENCIA DEL CIELO |
Chuang-Tzu |
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La influencia del cielo, desplegándose generosamente, produce todos los seres. La influencia imperial, difundiéndose imparcialmente, atrae a sí a todos los súbditos. La influencia del Sabio, propagándose por igual, hace que todos se le sometan respetuosamente. Aquellos que tienen conciencia del modo [de proceder] de esta influencia, del cielo, del Sabio, del perfecto jefe de Estado, se concentran en la paz de la meditación, que es la fuente de la acción natural. Esta paz no es un objetivo que pueda ser alcanzado por medio de esfuerzos directos. En realidad consiste en el hecho, negativo, de que ya ningún ser conmueve el corazón del Sabio, y se adquiere con la concentración. Ella es el principio de la clarividencia del sabio [verdadero]. Como el agua perfectamente quieta ella es cristalina, a tal punto que puede reflejar hasta los pelos de la barba y cejas de quien allí se espeja. Nada hay que tienda más a la quietud y al equilibrio que el agua; tan es así que de la misma deriva el nivel perfecto (nivel de agua). Ahora bien, así como la serenidad vuelve clara el agua, así también aclara los espíritus vitales, entre los cuales la inteligencia. El corazón del Sabio, perfectamente sereno, es como un espejo que refleja el cielo, la tierra y todos los seres. Vacío, paz, satisfacción, tranquilidad, silencio, visión global, no-intervención; el conjunto de todas estas cosas constituye la expresión sintética de la influencia del cielo y de la tierra, del Principio. Los emperadores y los sabios de la antigüedad conocieron dicha «fórmula». Vacíos (de todo apego), comprendieron en toda su verdad las leyes universales. Pacíficos (sin experimentar emociones), actuaron con plena eficacia. Absteniéndose de intervenir individualmente [por propia iniciativa], dejando que fueran sus funciones a cuidar de los pormenores, se vieron libres de placer y dolor, y consiguientemente vivieron por mucho tiempo […] ♦
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