JULIUS EVOLA, O EL RINOCIRONTE EN EL ASFALTO 3 agosto, 2016 – Publicado en: ARTICULOS – Etiquetas:

JULIUS EVOLA, O EL RINOCERONTE EN EL ASFALTO
Revista de Estudios Tradicionales Nº 8, págs. 30-50
(Parte I – Fragmento)
Giovanni Ponte

Consideramos oportuno retomar una vez más la obra del escritor siciliano Julius Evola, de la que ya en otras ocasiones se ha tratado en esta «Rivista» [1]: en efecto, notamos que subsisten todavía demasiados malentendidos en torno a esta obra, muchas veces aun en lectores que han intentado seriamente allegarse al punto de vista tradicional.

Probablemente, la parte más conocida de la obra de Evola es la de sus escritos críticos sobre el mundo contemporáneo: el autor, en efecto, se ha basado en determinadas enseñanzas tradicionales (y especialmente en la exposición que de ellas hiciera René Guénon, quien tuvo la función de ponerlas al alcance de la mano de los occidentales contemporáneos) para tratar de patentizar la situación del mundo moderno con respecto a otras civilizaciones, sus carencias de fondo, su desarrollo y su carrera febril hacia la consumación del ciclo de la presente humanidad.

Para aquellos que nunca antes habían oído hablar de tales argumentos, caso frecuente entre los lectores italianos, el dar con esta parte de la obra de Evola pudo constituir la ocasión para modificar la propia posición y adoptar una actitud de apertura mental decisiva para ulteriores desarrollos. […]

Se trata de temas clave que Evola tiene el mérito de volver a exponer con su estilo peculiar y que le sirve de base para ejercer, con notable espíritu combativo, una aguda crítica de muchos aspectos del mundo moderno, descubriendo en análisis diversos las mismas constantes, las mismas directrices que ilustran y confirman invariablemente la misma tendencia general: el alejamiento paulatino de todo fundamento trascendente válido, hecho más irremediable a esas alturas por la incapacidad de concebirlo, y el consiguiente verificarse de las diversas etapas que llevan desde un orden suprahumano a un desorden infrahumano. […] Hasta aquí hemos hablado de manera deliberada tan sólo de aquellos aspectos, que en la obra de Evola, corresponden más o menos directamente a doctrinas y puntos de vista tradicionales.

Ahora, cabe preguntarse dónde ha ido a desembocar una búsqueda que aparece como tan laboriosa, a qué conclusiones ha llevado a su autor y adónde éste pretende conducir a sus lectores. Y, coherentemente, todo lo que hemos visto antes habría podido confluir en una seria necesidad de integrarse en la Tradición viviente, cuya presencia efectiva (digámoslo de una vez por todas) puede ser tomada por una simple idea desconectada de toda realidad tan sólo por aquellos negadores que no tienen la menor noción de lo que sea verdaderamente la Tradición misma.

Pero muchas veces, en el Occidente de hoy día, aun para quienes en apariencia poseen las mayores cualificaciones resulta harto difícil alcanzar aunque más no sea el mismo punto de partida normal, y puede ser aleccionador ver como también en el caso de nuestro autor siguieron prevaleciendo influencias bien diferentes de aquellas tradicionales, influencias que, por otra parte, se habían manifestado ya desde los comienzos de su abundante carrera literaria. […]

La desproporción existente entre las teorías del autor y las doctrinas tradicionales con las que él se imagina poder relacionarse, se manifiesta después más abiertamente, por ejemplo, en la obra El Hombre como Potencia (1930, 2ª ed.: El Yoga de la Potencia, 1949), que se presenta como un ensayo sobre el tantrismo. De seguro nuestro autor estudió con notable interés las traducciones de las obras de John Woodroffe sobre el tema y su libro refiere muchos detalles al respecto, combatiendo legítimamente varios errores de interpretación occidentales; pero de todas formas la elaboración sigue siendo típicamente la de su filosofía, aun cuando presentada de una manera menos ingenuamente exaltada, especialmente en la edición de 1949. Y hay que destacar que, en garrafal contraposición con cualquier enseñanza tradicional, trata los métodos iniciáticos del tantrismo como si estuviese en condiciones de adaptarlos para uso de «profanos» como los occidentales, fuera de toda vinculación tradicional: entre otras cosas, él se atreve de esta manera a recomendar prácticas de «visualización» y de autosugestión, consistentes por ejemplo en repetir «hasta una completa saturación» la fórmula ¡«Tengo la Potencia»! [20] […]

En la obra de Evola, aunque con diversas terminologías, la «vía» viene constantemente imaginada como una «consolidación» de la individualidad, hasta un supuesto «incondicionado»; y a esto se asocia naturalmente, en particular, ese ideal «viril» (en marcada contraposición con todo lo que sea «mujeril») que tan a menudo se manifiesta en sus libros. Una semejante concepción resulta de por sí francamente incompatible con toda doctrina tradicional ortodoxa. Como ya indicáramos en otra parte, una condición preliminar para cualquier realización para cualquier realización más allá del plano humano consiste, por el contrario, en la consecución de un perfecto equilibrio entre los aspectos masculino y femenino, o, para hablar en términos más generales, entre los aspectos activo y pasivo, entre el yang y el yin de la tradición china: no por nada el estado primordial y central humano está simbolizado por el andrógino, a propósito del cual se puede decir que es plenamente «yang» respecto a la Tierra puesto que al mismo tiempo es plenamente «yin» respecto al Cielo, y no se puede pensar en emprender la vía «celeste» sin antes haber recuperado dicho estado. Señalamos que, de acuerdo con todos los datos tradicionales, se trata de una condición que comporta ya la plena «dominación» de todos los elementos corpóreos y psíquicos del mundo terrestre.

Por lo que se refiere a la realización efectiva de lo que está más allá del estado humano, la idea de una consolidación de la individualidad es aún menos aplicable. Como ya notábamos al examinar la Doctrina del Despertar, se trata en este caso más bien de la desaparición de la individualidad (como de cualquier otra ilusión de «separatividad») ante el Principio universal en el que solamente reside su misma realidad. Pero sin lugar a dudas en todo esto nuestro autor jamás pudo ver otra cosa que «abstracciones». […]

En conclusión, desdeñar el aspecto receptivo y de sumisión, tender a una desenfrenada afirmación del aspecto «activo» con la pretensión de alcanzar así lo «incondicionado» presupone una completa confusión de planos. Siguiendo la perspectiva evoliana, se llega lógicamente a la concepción de una «aristocracia» de superhombres (o, mejor, super-dioses), cada uno de los cuales «absoluto» y dueño de una libertad equivalente a un pleno albedrío, cada uno de los cuales sería «un» Principio supremo, como si una pluralidad de «absolutos» y de «Principios supremos» no fuese de por sí la cosa más insensata y contradictoria que se pueda imaginar. Ante una semejante aberración, será mejor poner en guardia de la manera más explícita contra la suposición de que eso pueda corresponder a una enseñanza, idea o punto de vista tradicional cualquiera. En realidad, lo repetimos, no hay otro absoluto salvo el Principio, universal y no dual, y la perfecta libertad del individuo no puede consistir más que en la perfecta y consciente adhesión al mismo Principio, o, si se quiere, a su atributo de «Voluntad» tal como se manifiesta para con sí mismo: en cuanto a la «voluntad de condicionado», al «mantenerse de pie», al estilo «olímpico» y «viril» que se encuentra en la prosa de Evola, la anulación de sí y la «pobreza» de los verdaderos Maestros espirituales se presenta con una cualidad completamente distinta, pertenece realmente a otro mundo del cual nuestro autor no parece tener siquiera la más mínima idea [26] […].

[1] Véase la reseña de La Doctrina del Despertar, en el nº4 [de la «Rivista di Studi Tradizionali], págs. 199-209; y asimismo la reseña de Silvio Grasso sobre La Metafísica del Sexo, en el nº5, [de la «Rivista»], págs. 272-278. [Reseñas no incluidas en la «Revista de Estudios Tradicionales»].

[20] Véase Lo Yoga della Potenza, pág. 170.

[26] Y será mejor que no se diga que cuanto afirmamos corresponde a un punto de vista únicamente «sacerdotal-lunar», según una clasificación en gran parte fantasiosa de las formas tradicionales e inventada por intérpretes occidentales dotados de una imaginación demasiado fervorosa. Debe tenerse presente, a propósito de esto, que precisamente la sumisión y adhesión consciente de cada uno a la Voluntad principial es la única actitud que puede comportar además la realización válida y no ilusoria de ese atributo de Potencia que parece interesar tanto a nuestro autor, y cuya realidad reside justamente por entero en el Principio universal.

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