OBSERVACIONES SOBRE ALGUNOS SIMBOLOS MASONICOS 31 julio, 2016 – Publicado en: ARTICULOS – Etiquetas: ,

Este artículo, Remarques sur quelques symboles maçonniques, del cual presentamos un fragmento, fue escrito por Denys Roman a sugerencia de René Guénon —hacia 1948—, a fin de rectificar los principales descuidos y errores del trabajo de Jules Boucher «La Symbolique Maçonnique», obra que, en ese entonces ejercía una cierta influencia en los ambientes masónicos franceses.
Esta fue la primera colaboración del autor en la revista Études Traditionnelles, y algunas décadas después este artículo fue publicado como el capítulo II del libro «Réflexions d’un chrétien sur la Franc-Maçonnerie. L’arche vivante des symboles».


OBSERVACIONES SOBRE ALGUNOS SÍMBOLOS MASÓNICOS
(Fragmento)
Denys Roman

[…] El primer capítulo de esta obra está dedicado al estudio de las herramientas; el autor señala (págs. 13 y 14) que los malletes masónicos están generalmente hechos con madera de boj, y dice que el boj es el símbolo de la firmeza y la perseverancia. Esto es verdad, pero conviene agregar que el boj, por el hecho de ser una «siempre verde» [1], era considerado por los Antiguos como un símbolo de inmortalidad y se lo consagraba a Hades. Por otra parte, es sabido que en Francia y en los países de clima análogo se utilizan los ramos de boj para la celebración del domingo de ramos [las «Pâques fleuries»] en lugar de las «palmas» empleadas en las regiones meridionales. Lo que hace del boj, como de la acacia, una «prenda de victoria, de resurrección y de inmortalidad».

A este respecto, tenemos la intención de exponer algunas consideraciones sobre el simbolismo del color verde. La palabra «verde» [vert en francés] está compuesta por las mismas consonantes que las palabras «virtud», «vertical» y «verdad». Verde, en latín, se dice viridis, que tiene como raíz vir, de donde derivan virtualidad (vale decir, potencia), virulencia y virilidad. Entre el color verde y la idea de fuerza existe una relación misteriosa. Se sabe que el verde es símbolo de esperanza, la virtud teologal que corresponde a la «Fuerza» de la Masonería. La Orden caballeresca de la Anunciación tenía como divisa la palabra «Fert», de la cual se ha querido dar las explicaciones más extrañas, pero que verosímilmente significa «Fuerte», y que no es otra que la palabra «Verde» con el endurecimiento de su primera consonante. Recordemos, a este propósito, el notable papel que juega en esta Orden de la Anunciación el símbolo masónico de los «lazos de Amor». En Egipto, el dios Thot, equivalente del Hermes psicopompo, tenía como símbolo una pequeña columna de espato verde [2]. Sobre los sarcófagos y los féretros egipcios, las vestimentas de los personajes son de color verde[3]. Se sabe también que el enigmático El-Khidr, está siempre representado vestido de verde [4], y que, según el Corán, «los creyentes, en el Paraíso, serán vestidos de hábitos verdes bordados en seda y oro» (XVIII, 30). Es necesario prestar atención a lo que se dice en las diferentes tradiciones respecto de la esmeralda. El oráculo de Júpiter Ammon poseía una en forma de ombligo que en diferentes épocas se llevaba en procesión alrededor del templo [5]. Antes de la conquista de su país por los Incas, los antiguos peruanos manifestaban a esta piedra una veneración muy particular [6]. El texto, podríamos decir «fundamental» del hermetismo lleva el nombre de Tabla de Esmeralda. Por último, es sabido que de una esmeralda caída de la frente de Lucifer fue tallado el Santo Grial, el cual, a su vez, estaba cubierto de un velo verde. A la luz de estos datos tradicionales, se comprende a qué hace alusión el folclore de todos los pueblos cuando atestigua que la esmeralda —que, por lo demás, es una piedra extremadamente dura— devuelve la memoria perdida, fortifica la vista y facilita los partos. Las antiquísimas obras de medicina atribuidas a Orfeo le reconocen, incluso, «virtudes viriles», de las que se acordó Rabelais.

La palabra latina vis, que no es sino una modificación de vir, tiene las mismas acepciones de fuerza, vigor y potencia (de donde deriva Victor, vencedor). La palabra francesa vis [tornillo en español] designa al instrumento destinado a unir con fuerza diversas piezas de madera. Y conviene recordar que es por una escalera «en vis» [escalera de caracol] por donde se accede a la «Cámara del Medio», donde se recibirá la plenitud de la «Fuerza». Sin embargo, no es del latín vis de donde deriva la palabra francesa vis, sino de vitis (viña), porque este árbol posee los «zarcillos». Pero hay que señalar que existen estrechos vínculos entre la viña y la vida (en latín vitis y vita), porque la vida está ligada a la sangre, y hay una evidente semejanza entre la sangre y el vino, el cual, como sabemos, es un «sustituto» de la «bebida de inmortalidad»[7].

Podría parecer que nos hemos alejado de la Masonería, pero en realidad no ha sido así. Estas acepciones de fuerza, virilidad, potencia, victoria, vida y verdad que encontramos en los radicales latinos vir y vis, los hallamos también en el sánscrito vîrya que ha dado su nombre al vîrya-mârga o «vía del héroe» de la que es reconocida su importancia en el Tantrismo. Esta vía, «más activa que contemplativa, situándose más bien del lado de la potencia que del lado del conocimiento»[8], presenta singulares afinidades con la Masonería, y se lo aprecia inmediatamente en la relación que hay entre las expresiones «vía del héroe» y «Arte Real». Según J. Évola, «la vîrya, en las doctrinas hindúes y, sobre todo, en el Budismo, es la energía espiritual que, una vez aislada, es capaz de influir sobre el habitual comportamiento de los elementos, desarrollando una acción semejante a la del “fuego contra natura”[9]. Para aislar la vîrya es necesaria la energía obtenida por la renuncia al deseo, gracias a la cual se abre el acceso a la potencia espiritual viril capaz de llevar los elementos del ser humano a un estado que ya no pertenece al “flujo”»[10]. Hemos querido reproducir este pasaje porque proporciona una excelente definición de esta «fuerza», a la que se hace constantemente mención en la Masonería, y también a causa del empleo del término hermético «flujo» para designar aquello de lo cual la Masonería tiene como finalidad librar a sus miembros. En el siglo XVIII, en Inglaterra, el juramento de Aprendiz concluía con diversas «penalidades» de las cuales algunas se referían evidentemente al «signo de reconocimiento» del grado, y la última era la siguiente: «ser abandonado en la playa a orillas del mar, a una guindaleza[11] de la costa, en un lugar que el flujo y el reflujo visitan dos veces por día». Esta mención del flujo y el reflujo, que simbolizan evidentemente la alternancia de los estados de «generación» y de «corrupción» es remarcable.

Un pasaje de «El Simbolismo masónico» que nos ha sorprendido (pág. 16) es el siguiente: “La perpendicular y el nivel constituyen respectivamente la Vertical y la Horizontal. Encontramos aquí de nuevo lo Activo y lo Pasivo, las dos polaridades universales, una del movimiento y la acción, y la otra de la inercia y el reposo, el Rajas y el Tamas de los hindúes, los dos opuestos cuyo juego recíproco condiciona la vida del “Universo”». De donde parece resultar que Rajas, que el autor hace corresponder que el movimiento, se ejerce en sentido vertical y, que Tamas, que correspondería al reposo, se ejerce en sentido horizontal. Todos nuestros lectores saben que la realidad es exactamente a la inversa, y que por otra parte, Rajas y Tamas, no son para nada opuestos, y que no tiene ningún sentido considerar a estos dos términos excluyendo a Sattwa.

Igualmente sorprendente es que el autor, refiriéndose un poco más adelante (pág. 19) a la expresión «pasar de la perpendicular al nivel», que significa recibir el grado de Compañero, no recuerde el paralelismo de estos términos con el muy conocido texto de los Vêdas: «Todo era tamas; el Supremo Ordenador ordenó, y tamas adquirió el tinte de rajas; y rajas, habiendo recibido un nuevo mandato, asumió el tono de sattwa»[12]. Hay aquí una sucesión de tres direcciones, es decir vertical descendente, horizontal y vertical ascendente, que recuerdan las expresiones inglesas de initiation, passing y raising[13] empleadas en el acceso a los primeros tres grados de la Masonería.

En la página 18, el autor escribe: «El Conocimiento dado por la iniciación, que debe para nosotros sustituir a la moral, tiende hacia lo Absoluto”. Pensamos que la iniciación no debe sustituir a la moral, con la que no tiene mucho en común. La moral es una «especificación» de las leyes que regulan las «acciones y reacciones concordantes» con el objetivo de beneficiar a los hombres con las condiciones más favorables en el «juego» del flujo y el reflujo, por emplear el simbolismo referido anteriormente; y es por esta razón que está dirigida a todos. La iniciación se dirige a los «cualificados» y su fin último es el de «liberar» al hombre de este juego. Alcanzado este fin, la moral ya no tiene sentido, y la iniciación misma no es ya más que un «instrumento» inútil.

Es evidente, por otra parte, que si alguien pretendiese seguir una vía iniciática sin tener en cuenta las reglas morales impuestas por la «forma» tradicional a la cual pertenece por nacimiento o por «elección»[14], se expondría a reacciones de una violencia tal que le resultaría prácticamente imposible cualquier tipo de «progreso» en la «vía».

En la página 21, el autor trae, pareciéndola hacer suya, una aserción errónea de Plantagenet: «Parece que el Mazo y el Cincel pertenecen al grado de Aprendiz sólo en Francia». Ahora bien, en la Masonería de lengua inglesa estas dos herramientas están puestas de relieve aún más que en Francia, y en el curso de la admisión al primer grado el Worshipful Master dice al recipiendario: «Os entrego ahora las herramientas de trabajo del Aprendiz Masón, que son la regla de 24 pulgadas, el mazo y la cincel».

El primer capítulo concluye con tres planchas recapitulativas, la primera de las cuales subdivide las herramientas en activas y pasivas. Confesamos no entender por qué motivo la regla está colocada en la primera categoría y la palanca en la segunda. El defecto de una repartición semejante es que no considera que una herramienta es siempre pasiva en relación al artífice y activa en relación a la materia prima. En la plancha en cuestión, el cincel es considerado como pasivo y el mazo como activo. Sin embargo, en relación a la piedra el cincel es indudablemente activo puesto que juega un papel de penetración. Por lo tanto es equivalente a la espada, al puñal de los «grados de venganza», e inclusive a la «espada» de la «Logia de Mesa [Loge de Table]»; y simboliza al relámpago así como el mazo al trueno. En un cierto sentido el cincel es más activo que el mazo, tal como el relámpago es más rápido que el trueno.

Es sabido que en la Carbonería el presidente de una «Venta» abría los trabajos golpeando con el hacha sobre el tronco de un árbol cortado a escuadra. El hierro y el mango del hacha corresponden respectivamente al cincel y al mazo, y nos parecería muy discutible pretender que el hierro del hacha fuese menos activo que el mango, simbolizando más bien éste último la fuerza ciega de la tormenta y, el hierro, la fuerza iluminadora del relámpago.

Para nosotros, el cincel, lejos de ser un instrumento pasivo, es la herramienta activa por excelencia, porque el relámpago es símbolo del «rayo celeste», de la Buddhi que une la individualidad a la Personalidad. Se puede entonces decir que en el trabajo masónico la «piedra bruta» es la individualidad, el conjunto cincel-mazo es el intelecto y el artífice es la Personalidad divina, dado que no es ciertamente con un «nombre humano» que se debe responder a la célebre pregunta: «¿Quién es el constructor?». […]

[1] Linné ha dado a esta planta el nombre de Buxus sempervivens («Boj siempre verde»). Es de destacar que numerosas Logias de lengua inglesa, sobre todo en América, gustan tomar como «título distintivo», el nombre de Evergreen (Siempre verde). Esta palabra designa a los árboles de hoja perenne.

[2] «Soy la pequeña columna de espato verde que Thot concede a sus adoradores, y que detesta el mal» (Libro de los Muertos, 180).

[3] Champolion, Grammaire égyptienne, citado por Lanoé-Villène, Le Livre des Symboles, t. V, p. 115.

[4] Cf. Études Traditionnelles, año 1938, pág. 304.

[5] Quinte-Curce, Histoire d’Alexandre, IV, 7, citado por Lanoé-Villène, t. V. pág. 114.

[6] Garcilaso de la Vega, Comentarios reales, citado por Lanoé-Villène, t cialis eu. V. pág. 125.

[7] El adagio In vino veritas es evidentemente susceptible de recibir un sentido superior. Y se hace prácticamente innecesario decir que el parentesco entre las raíces latinas ver (que, entre otras, tiene la significación de «primavera»), vir y vis, queda manifiesto en la célebre divisa Vincit omnia Veritas.

[8] Cf. René Guénon, «Le Cinquième Véda» [El Quinto Vêda], en Études Traditionnelles, agosto-septiembre 1937 [Incluido actualmente en la recopilación póstuma Estudios sobre el Hinduísmo].

[9] El autor se refiere aquí evidentemente al «fuego hermético» que produce la «calcinación».

[10] La Tradizione ermética, pág. 101.

[11] Guindaleza: 1. f. Mar. Cabo de 12 a 25 cm de mena, de tres o cuatro cordones corchados de derecha a izquierda y de 100 o más brazas de largo, que se usa a bordo y en tierra. (Diccionario de la Real Academia Española, 22ª edición) [N. d. T.].

[12] Cf. René Guénon, Le Symbolisme de la Croix, págs. 51-52 [cap. V].

[13] Iniciación, pasaje y elevación. Hay que recordar que la iniciación comienza con el «descenso a los Infiernos». En el lenguaje del blasón, se dice que un animal «pasa» cuando camina en sentido horizontal.

[14] Debe comprenderse, sean cuales fueren las apariencias, que es la «Vía» la que escoge al hombre. Cf. la palabra de Cristo a los Apóstoles: «No fuisteis vosotros quienes me habéis escogido, sino yo quien os ha escogido a vosotros» (Juan, XV, 16).

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