ELOGIO DE LA LOCURA – ERASMO DE ROTTERDAM 19 agosto, 2018 – Publicado en: RELATOS

La verdadera prudencia se debe a la locura
Fragmento
Erasmo de Rotterdam

[…] Si esto parece tal vez a alguno de vosotros demasiado filosófico, voy a hablaros de una manera más vulgar y a poner mis palabras al alcance de todos.
¿Quién no creerá que un rey sea un hombre opulento y poderoso? Y, sin embargo, si su alma no está dispuesta para el bien ni halla nada con qué saciar su ambición, es un rey verdaderamente muy pobre, y aún como un vil esclavo, si por añadidura, está dominado por los vicios. El mismo razonamiento valdría para otros muchos casos, pero basta para mi objeto el ejemplo anterior. Y ¿a qué viene todo esto?, dirá alguno. Escuchad la enseñanza que deduzco de ello.

Si cuando los actores están representando su papel se le ocurriese a alguno quitarse la máscara escénica y mostrar a los espectadores sus rostros verdaderos y naturales, ¿no trastornaría la comedia y se haría merecedor de que el público le arrojase del teatro a pedradas como a un loco de atar? Evidentemente, porque en un momento se cambiaría el orden de las cosas, y descubriríamos que quien parecía una mujer era un hombre; que el que aparentaba ser joven, era de pronto en un anciano; el que poco antes era rey se convertiría en un esclavo, y el que hacía un instante era un dios, se transforma en un pelagatos despreciable. Querer deshacer estas apariencias es perturbar toda la acción dramática, porque precisamente la ficción y el engaño son los que mantienen la atención de los espectadores.

Ahora bien: ¿qué otra cosa es la vida humana sino una comedia como otra cualquiera, en la que unos y otros salen cubiertos con sus máscaras a representar sus papeles respectivos, hasta que el director de escena les manda retirarse de las tablas? En el mundo, como en el teatro, acontece con frecuencia que un mismo actor asume diversos papeles, y así, al que no hace mucho vimos vestir la púrpura de rey, vémosle ahora cubierto con los andrajos de un siervo miserable, todo simulado, es cierto, pero la comedia no se representa de otro modo.

Pues bien, si un filósofo, bajado del cielo, apareciese de repente y comenzase a decir: «Este, a quien todos creen dios y señor, no es ni siquiera un hombre, porque dejándose arrastrar como un borrego por las pasiones, es en realidad un esclavo de ínfima condición, puesto que se complace en servir a tantos y a tan infames amos; este otro, que llora la muerte de su padre, debería alegrarse, porque ahora es, verdaderamente, cuando éste comienza a vivir, ya que esta vida no es otra cosa que una continua muerte; aquel otro, que se jacta de su noble estirpe, plebeyo y bastardo se habría de llamar, porque está muy lejos de la virtud, que es la única fuente de nobleza».

Si este filósofo de mi ejemplo hablase de todo lo demás de la misma manera, ¿qué conseguiría sino ser tenido por todos por un loco de remate? ¡Qué duda cabe! De la misma suerte que no hay nada más necio que la sabiduría inoportuna, nada hay tampoco más imprudente que la prudencia mal entendida, porque es innegable que se equivoca el que pretende que la comedia deje de ser comedia, y no sabe acomodarse al tiempo y a las circunstancias o, al menos, no quiere acordarse de aquella regla de los banquetes que dice: «O bebe o lárgate». Por el contrario, el verdadero prudente será el que teniendo en cuenta que es mortal, no se meta en libros de caballería y considere que la mayor parte de los hombres, o se avienen a hacer como que no ven, o se engañan con mucha cortesía.

¡Pero esto, se dirá, no es más que locura! De ningún modo he de negarlo, con tal que se reconozca a su vez que tal es el modo de representar la comedia humana. […]

« HABIB AL-AGAMI
RELATOS TAOISTAS – SINFONIA PARA UN AVE MARINA »