HASAN AL-BASRI 19 agosto, 2018 – Publicado en: RELATOS – Etiquetas:

Hasan al Basrî consideraba muy superiores a él a todos aquellos con los que se cruzaba. Un día, mientras paseaba a orillas del Shatt al-‘Arab, vio a un negro sentado al lado de una mujer. Frente a él había una jarra y una copa; los dos se servían sucesivamente de la jarra y bebían. Hasan al Basrî, viendo a aquel hombre, se dijo para sí: «He aquí uno que también vale más que yo». Sin embargo, pensó: «Desde el punto de vista legal no es posible que sea mejor que yo, puesto que tiene a su lado a una mujer de malas costumbres y tiene la intención de beber vino». Mientras reflexionaba de este modo apareció en el río una embarcación enormemente cargada que llevaba a bordo siete personas, la cual, mientras se acercaba a la orilla, de repente se hundió. El negro, tirándose al agua, salvó a seis personas una tras otra, y luego dirigiéndose a Hasan al Basrî, dijo: «Adelante, si eres mejor que yo. He salvado a seis, puedes salvar a uno tú también». Y agregó: «¡Oh musulmanes! Esta jarra está llena de agua y esta mujer es mi madre. He querido poner a prueba a Hasan al Basrî». Y dirigiéndose a este último: «Como ves haz juzgado superficialmente y no has sido capaz de ver más allá de las apariencias». A estas palabras Hasan al Basrî se tiró a los pies del negro, le besó las manos, y comprendiendo que era uno de los servidores de excepción del Altísimo, le suplicó: «Oh venerable, así como has salvado a estos náufragos del agua del río, sálvame del abismo del culto a mí mismo». A lo que el negro respondió: «Ve, estás a salvo». Desde entonces no consideró jamás a ninguno como inferior a sí mismo, sino que estimó que todos le eran superiores.

[…] Hasan al Basrî dijo un día a sus íntimos: «Vosotros me recordáis a los Compañeros del Enviado — ¡sobre Él el Saludo y la Paz! —». Todos se estaban alegrando, cuando agregó: «Son vuestros rostros y vuestras barbas las que son similares, pero nada más. Si vosotros los hubiesen visto, les hubiesen parecido locos; y si ellos los hubiesen visto a ustedes, no los habrían tratado como verdaderos musulmanes, ni siquiera a uno de vosotros; porque en la práctica de la fe ellos eran como caballeros montados sobre caballos rápidos como el viento, mientras que nosotros andamos como si estuviésemos sobre la silla de un asno con el lomo llagado». […]

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