LA CAVERNA CÓSMICA Y LAS PUERTAS SOLSTICIALES PARTE II 6 Agosto, 2016 – Publicado en: ARTICULOS – Etiquetas:

LA CAVERNA CÓSMICA Y LAS PUERTAS SOLSTICIALES
Parte II
Revista de Estudios Tradicionales Nº 18, págs. 15 – 21
(Fragmento)

En la primer parte hemos tratado de la caverna como símbolo del mundo y dijimos que ella está iluminada internamente para representar la presencia en el cosmos de las leyes que lo hacen tal, determinando allí el orden (en griego kòsmos) y sustentándolo; dijimos también que a consecuencia de ello la caverna se hallará tajantemente separada del exterior, y que este último, a causa del traslado de la «luz» al interior de la caverna, será calificado como «tinieblas exteriores», de las que deberá desarraigarse el hombre que busque la solución para la comprensión de sí mismo y de cuanto lo rodea. Hemos señalado, además, que este conocimiento era, en tiempos anteriores a la adopción ritual del simbolismo de la caverna, asequible a cuantos nacían al estado humano, para quienes dicho nacimiento coincidía por lo tanto con el acceso al conocimiento; por consiguiente resulta lógico que cuando, más adelante, el desarrollo de las facultades de orden profundo (o al menos relativamente profundo) que permiten «orientarse» intelectualmente al hombre en el mundo terrestre fue supeditado al ingreso en la caverna iniciática, dicho ingreso fuese considerado, y con toda razón, como un «segundo nacimiento», expresión que encontramos, de hecho, en todas las tradiciones, vinculada al cumplimiento del rito de iniciación.

Por lo demás, este rito, o conjunto de ritos en el caso de la Masonería, cuando sea considerado en su aspecto «pasivo», corresponde para el iniciando a la recepción de una «influencia espiritual» que le permitirá desarrollar sus posibilidades de orden profundo (y aquí interviene el aspecto activo de la iniciación, que, por mejor decir, intervenía asimismo en la fase anterior, puesto que el rito de transmisión estrictamente entendido es en definitiva el resultado de una «busca»). Como puede verse, pues, este proceso recuerda, o mejor repite analógicamente en un plano diverso y superior, el acto mismo de la generación, así que también aquí, como en cualquier otro caso en que se recurra a esto en el ámbito y con las garantías de la tradición, el simbolismo tiene que ser entendido como la expresión rigurosa de la misma realidad en diversos planos, y de ninguna manera (confusión que en cambio hoy día todos cometen habitualmente) como una imagen simplemente alegórica o poética de hechos históricos, de sentimientos o, peor aún, de «aspiraciones» e «ideales». Dicho sea de paso, preferiríamos comparar el simbolismo a una fórmula matemática (expresión elíptica de un procedimiento lógico) antes que a cualquier otra, con tal de que se tenga presente que la matemática misma debe ser concebida tradicionalmente como representación de la realidad no sólo en su aspecto cuantitativo.

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