LA INTENSIDAD DEL ANHELO 9 agosto, 2016 – Publicado en: RELATOS – Etiquetas:

CUENTO HINDÚ
La intensidad del anhelo

En un tiempo hubo una gran sequía en cierta parte del país. Los granjeros empezaron a cavar largas acequias para traer agua a sus campos. Un granjero estaba empecinadamente decidido e hizo voto de que no dejaría de cavar hasta que la acequia conectara su campo con el río. Y se puso a trabajar.

Llegó el tiempo para su baño y su mujer le mandó a la hija con el aceite. «Padre —dijo la muchacha—, es tarde; frota tu cuerpo con aceite y toma tu baño». «Vete —atronó el granjero— tengo demasiado que hacer ahora». Había pasado mediodía y el granjero todavía estaba trabajando en el campo. Ni siquiera pensó en su baño. Entonces vino su mujer y le dijo: «¿Por qué no has tomado tu baño? La comida se está enfriando. Exageras todo. Puedes concluir el resto mañana, o si no, hoy después de comer». El granjero la reprendió furiosamente y la corrió pala en mano, gritando: «¿Qué, acaso no comprendes? No hay lluvias, las cosechas se están muriendo. ¿Qué van a comer los chicos? Todos vais a morir de hambre. He hecho un voto de no pensar hoy en baño o comida hasta que traiga agua a mi campo». La esposa, viendo su estado mental, escapó de miedo.

Luego de un día entero de labor, con sus espaldas agobiadas de dolor, el granjero consiguió al fin de la tarde conectar su campo con el río. Entonces se sentó y observó correr el agua dentro de su campo con un sonido murmurante. Su mente estaba llena de paz y alegría. Fue a casa, llamó a su esposa y le dijo: «Ahora dame un poco de aceite y prepárame un narguilé». Con mente serena concluyó su baño y comida y se retiró a la cama, donde roncó a su entera satisfacción. La determinación que mostró, es un ejemplo de fuerte renunciación.

Ahora bien, había otro granjero que también estaba cavando un canal para traer agua a su campo. También vino su mujer al campo y le dijo: «Es muy tarde, ven a casa. No hay necesidad de exagerar las cosas». El granjero no protestó mucho, sino que puso de lado su pala y dijo a su esposa: «Bueno, ya que me lo pides iré a casa». Ese hombre jamás consiguió irrigar su campo. Este caso es de renunciación débil.

Así como sin un anhelo intenso el granjero no puede traer agua a su campo, también sin intenso anhelo un hombre no puede realizar el conocimiento de Sí mismo.

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