LA SITUACION ESPIRITUAL DE OCCIDENTE 4 agosto, 2016 – Publicado en: ARTICULOS – Etiquetas:

LA SITUACIÓN ESPIRITUAL DE OCCIDENTE
Revista de Estudios Tradicionales Nº 4, págs. 145-154
(Parte I – Fragmento)

I – Platón y los «Antiguos»

«Los Hombres Verdaderos de la antigüedad […] se habían elevado hasta los sublimes dominios del Principio. Los Hombres Verdaderos de la antigüedad no se veían perturbados por sueño alguno mientras dormían, ni por aflicciones durante la vigilia. No conocían las exquisiteces alimenticias. Su respiración, calma y profunda, penetraba su organismo hasta los talones […]. Los Hombres Verdaderos antiguos ignoraban el apego por la vida y la fobia por la muerte. Su entrada en escena, en la vida, no les causaba alegría, su retorno entre bastidores, a la muerte, no los atemorizaba. Calmos llegaban, calmos se iban, dulcemente, sin estremecimiento, como deslizándose en el aire […]. Amaban la vida mientras duraba, y la olvidaban al partir […]. De esta manera su condición humana no se oponía al Principio; lo humano [que se hallaba] en ellos no afectaba lo celeste. Así eran los Hombres Verdaderos. En consecuencia, su corazón era firme, su actitud era recatada, su aspecto era sobrio, su conducta era equilibrada, sus sentimientos disciplinados. En cada ocasión hacían lo que era necesario hacer […]. Quienes creyeron que ellos procedieran de manera [individual] activa se equivocaron […]. Consideraban todo como esencialmente Uno, a la manera del Cielo, y distinguían con cautela los casos particulares, a la manera de los hombres. Por lo tanto en ellos no había conflicto entre lo celeste y lo humano. He aquí todo lo que hace de un hombre, un Hombre Verdadero» [1].

Esta descripción extremo-oriental de los Hombre Verdaderos «antiguos» puede ayudar a comprender mejor el significado más profundo que se puede atribuir a los «Antiguos» de los que se habla a veces en los diálogos de Platón. En el Fedro, por ejemplo, encontramos esta enunciación de sabor casi taoísta [2]: «Los “Antiguos” conocen la Verdad (alethés); ¿si nosotros la halláramos, acaso deberíamos preocuparnos aún de los opiniones de los hombres?» [3].

Los «Antiguos» son pues aquí, precisamente como los Hombres Verdaderos «antiguos» de Chuang-Tzu, los que se han afirmado en el conocimiento de la Verdad: ellos participan de ese conocimiento principial y universal cuya pérdida ha puesto a los hombres bajo el dominio de las opiniones y las demás circunstancias, pero que puede y debe ser recobrado para restablecer la original adherencia a la Verdad, que es, en términos taoístas, adherencia de lo humano a lo Celeste. La indicación de «Antiguo» se refiere por lo tanto esencialmente a una «anterioridad» antes que nada en el sentido «vertical» de una mayor proximidad al Principio, y sólo secundariamente en un sentido «horizontal», es decir temporal e histórico. Estos dos aspectos están por lo demás estrechamente relacionados, o por mejor decir el segundo depende del primero y en cierto modo es una expresión del mismo, puesto que el Principio universal, tal como se halla en el origen de toda manifestación, está también en el origen del desarrollo cíclico de la humanidad [4] […].

[1] Chuang-Tzu, cap. VI – B. Nos hemos basado casi completamente en la versión de Wieger. [Cf. I Padri del Taoismo, Luni ed.].

[2] Naturalmente, no se trata de transferencias de la China a Grecia o viceversa, sino de la referencia, tanto en China como en Grecia, a un contenido tradicional común.

[3] Fedro.

[4] Justamente por esto es que en la iniciación a los «Pequeños misterios», correspondientes a la realización del estado humano integral, los grados de tal realización pueden hallarse representados por un remonte en el tiempo hasta el «estado primordial», que es el estado del «Hombre Verdadero» taoísta; naturalmente, luego, en lo que concierne a los estados más elevados de la realización, más allá del estado humano, ya no se puede hablar de una correspondencia directa con el remontamiento del ciclo de la humanidad actual, pero se puede siempre hablar de una anterioridad metafísica y causal: esto hace que la referencia simbólica de los «Antiguos» pueda aplicarse incluso a quien posea los estados trascendentes de la realización espiritual (el «Hombre Trascendente» del taoísmo), que por lo demás implican eminentemente y a fortiori también la realización del estado primordial humano.

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