LA SITUACION ESPIRITUAL DE OCCIDENTE (Parte II) 4 Agosto, 2016 – Publicado en: ARTICULOS – Etiquetas:

LA SITUACIÓN ESPIRITUAL DE OCCIDENTE
Revista de Estudios Tradicionales Nº 5, págs. 26-33
(Parte II – Fragmento)

II – Los intermediarios de la influencia espiritual en el mundo clásico

Según Platón, fue precisamente una situación análoga [1] la que se produjo en la civilización atlantídea, conduciéndola en definitiva a la catástrofe. He aquí en efecto lo que leemos en un pasaje del Critias, que de nuevo nos recuerda, en algunos aspectos ciertos relatos taoístas: «Durante muchas generaciones, mientras prevaleció en ellos la naturaleza divina [“celeste” en términos taoístas], los reyes [de la Atlántida] se atuvieron a las Leyes y siguieron ligados efectivamente al Principio divino, en virtud de la afinidad que los emparentaba con él [kái prós tó suggenés theion philophrónos eichon]. Sus pensamientos eran justos y nobles en todo, demostraban bondad y equidad respecto de los acontecimientos que sobrevenían, y los unos hacia los otros. Así despreciando todo salvo la “Virtud” [o sea la conformidad al Principio], no se preocupaban de lo que poseían: llevaban como una carga todo su oro y demás riquezas, no se dejaban embriagar por la inmensidad de su fortuna, no perdían el dominio de sí mismos y seguían derecho por su camino. Con sutil y lúcida clarividencia, juzgaban que todas esas ventajas se acrecientan con el recíproco afecto unido a la “Virtud”, mientras que, por el contrario, la exclusiva dedicación a tales bienes y la importancia que se les atribuye conduce a perderlos, y perder junto con ellos la “Virtud”. A causa de esta conciencia y gracias a la persistente presencia en ellos del Principio divino, todos los bienes que hemos enumerado seguían acrecentándose en su provecho. Pero cuando el elemento divino vino a mermar en ellos, en correspondencia con el repetido cruce con numerosos elementos mortales, cuando el carácter humano llegó a tomar la delantera, entonces, incapaces de sostener la propia prosperidad, ellos cayeron en la indecencia. A los hombres sabios les parecieron reprobables, pues habían abandonado los mejores de sus más preciosos bienes. Al contrario, a ojos de quienes no sabían discernir qué clase de vida contribuye realmente a la felicidad, fue a la sazón que parecieron plenamente admirables y felices [precisamente como los griegos de la época clásica a los ojos de los modernos], y se hallaban todos henchidos de injusta avidez y poderío. Y el Dios de todos los dioses, Zeus, que reina por medio de las Leyes, y que a la verdad tiene la facultad de conocer cuanto sucede, supo que miserables inclinaciones estaba asumiendo esa raza, tan excelente en sus orígenes. Él se propuso entonces castigarlos…» [2].

Nos ha parecido oportuno citar por extenso este pasaje porque esclarece cual fuese la concepción platónica con respecto al orden y al equilibrio normal de las civilizaciones, confirmando al mismo tiempo indirectamente lo que hemos dicho antes sobre la función de quienes se hallan «ligados efectivamente al Principio divino», esto es de los poseedores del conocimiento tradicional: dicha función es absolutamente esencial para el equilibrio y, en fin de cuentas, para la existencia misma del mundo humano […].

[1] Análoga a la de la civilización clásica, de la cual, según atestigua Platón mismo, se habían ausentado los poseedores del conocimiento tradicional integral (cf. Timeo, 22-3), lo que hacía posible un desarrollo ya no conscientemente ordenado según los principios, por lo tanto arbitrario y propiamente anormal; véase la primera parte de este estudio, en el nº 4 de esta Revista.

[2] Critias, 120 e. 121 a-b.

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