RELATOS TAOISTAS – LA PERFECTA CONFIANZA 7 agosto, 2016 – Publicado en: RELATOS – Etiquetas: , ,

RELATOS TAOÍSTAS
La perfecta confianza
Lie Tzu

Zi Hua supo hacerse una buena reputación y todo el mundo le prestaba sus servicios; gozaba del favor del soberano de Jin y aunque no ocupaba ningún cargo, se sentaba a la derecha de sus ministros. Quien le caía en gracia ascendía en dignidad y quien por él era criticado quedaba postergado. Ser un habitué de su casa era como frecuentar la corte. Zi Hua suscitaba insultos y enfrentamientos entre sus huéspedes, entre sabios y tontos, fuertes y débiles; y si en su presencia la discusión degeneraba en golpes, no se inmutaba en lo más mínimo. Para él esta era una constante diversión que llegó a convertirse en una costumbre del Estado.

He Sheng y Zi Bo, dos amigos de la familia de Zi Hua, emprendieron un viaje y al atravesar una remota región pasaron la noche en la cabaña de un viejo campesino llamado Shang Qiu-Kai. Antes de irse a dormir, He Sheng y Zi Bo conversaron sobre el prestigio y el poder de Zi Hua, capaz de salvar y perder a quien él quería y de convertir a los ricos en pobres y a los pobres en ricos. Shang Qiu-Kai, que vivía en la miseria, se había quedado junto a la ventana y escuchó la conversación. Se echó al hombro una cesta con provisiones y marchó hasta las puertas de Zi Hua.

Las personas que acompañaban a Zi Hua eran gente distinguida, vestida de seda, en lujosos carruajes. Caminaban con parsimonia y mirada altanera. Cuando vieron a Shang Qiu-Kai, ya viejo, débil, con el rostro curtido por el sol, con las ropas y el gorro más que usado, todos sintieron desprecio por él. Lo humillaron e insultaron, se burlaron de él cortándole el paso y empujándolo hacia todos lados; lo sometieron a toda clase de escarnios. Shang Qiu-Kai, sin embargo, no mostró ningún enfado y los huéspedes de Zi Hua terminaron por cansarse. Un día subieron con Shang Qiu-Kai a una elevada terraza y allí uno de ellos dijo en tono de broma:
—Si alguien salta desde aquí recibirá un premio de cien monedas de oro.

Todos aplaudieron. El viejo campesino se lo tomó en serio y saltó primero. Planeó como un pájaro hasta el suelo sin sufrir ni un rasguño. Todos pensaron que fue una casualidad y no le dieron mucha importancia.

En otra ocasión señalaron un lugar profundo del Río Amarillo y dijeron:
—Allí, en el fondo, hay perlas. Quien sepa bucear podrá hacerse con ellas.

Shang Qiu-Kai, creyendo otra vez lo que le decían, se lanzó al agua; cuando volvió a la superficie realmente había encontrado perlas. Fue entonces cuando los demás empezaron a sospechar algo. El mismo Zi Hua ordenó que le sirvieran una buena comida y que le vistieran de seda.

Un día se declaró un gran incendio en los depósitos de la familia de Zi Hua. Este le dijo a Shang Qiu-Kai:
—Si eres capaz de sacar del fuego los brocados recibirás como recompensa el equivalente de su valor.

Shang Qiu-Kai no dudó un instante, entró en el fuego y anduvo por él sin que su cuerpo sufriera la menor quemadura. La corte de Zi Hua acabó por convencerse de que Shang Qiu-Kai estaba en posesión del Tao. Se disculparon y le dijeron:
—Ignorábamos que poseyeras el Tao, por eso nos hemos burlado de vos. No sabíamos que eras un sabio y os hemos ofendido. Sin duda nos ves como verdaderos estúpidos, como sordos, como ciegos. ¿Podemos preguntaros cuál es vuestro estado?

Shang Qiu-Kai repondió:
—Yo no poseo ningún estado. Mi corazón tampoco se explica lo que ha pasado. Hay algo, sin embargo, que me gustaría deciros.

»Hace unos días, cuando dos de vosotros pasaron la noche en mi cabaña, me enteré por su conversación del poderío de Zi Hua, que podía salvar y perder a quienes quería y convertir a los ricos en pobres y a los pobres en ricos. Lo creí sin dudar en lo más mínimo. Por eso vine hasta aquí desde tan lejos y por eso tomé en serio lo que decían vuestras mercedes. Lo único que temía era no tomar lo suficientemente en serio vuestras palabras y que mis actos no estuvieran a la altura debida. Me olvidé de la seguridad de mi cuerpo y de lo que podía ser beneficioso o perjudicial. Tan solo mi mente ha estado concentrada y por eso las cosas no me han resultado hostiles. Eso es todo.

»Ahora me doy cuenta que os burlabais de mí y el interior de mi cuerpo se hunde en la duda y el temor, todo lo que veo y oigo me confunde. Cuando pienso que he escapado sano y salvo del fuego y el agua, me siento presa de un gran terror, de una angustiosa agitación. ¡En el futuro no me atreveré jamás a acercarme al fuego o al agua!

A partir de estos sucesos, cuando los amigos de la familia de Zi Hua se cruzaban con un mendigo o un veterinario ya no se atrevían a ofenderlos; antes bien, se bajaban del carruaje a saludarlos.

Cuando Zai Wo supo de esta historia se la relató a su maestro Zhong Ni. Éste dijo:
—¿Acaso ignoras que el hombre que tiene una perfecta confianza puede influir en los seres, mover el cielo y la tierra, influir en los vivos y en los muertos, y recorrer los seis polos del mundo sin encontrar resistencia alguna? Eso supone mucho más que caminar por precipicios o penetrar en el agua o en el fuego. Shang Qiu-Kai tuvo confianza en unos embaucadores y nada se le resistió. ¿Qué sucedería si ambas partes fueran sinceras? Pensadlo bien, hijos míos

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