ALGUNAS RESEÑAS DE LIBROS APARECIDAS EN LA REVISTA LE VOILE D’ISIS I ÉTUDES TRADITIONNELLES 11 julio, 2016 – Publicado en: RESEÑAS – Etiquetas:

A continuación, presentamos algunas reseñas de libros realizadas por René Guénon publicadas a partir de 1928 en la revista «Le Voile d´ Isis», la cual en 1937 devino «Études Traditionnelles». Las mismas se encuentran hoy reunidas en la recopilación póstuma «Comptes Rendus».

1932

CESARE DELLA RIVIERA, Il Mondo Magico de gli Heroi [El mundo mágico de los Héroes]; reproducción modernizada del texto de 1605, con introducción y notas de J. Evola, G. Laterza e Figli, Bari.

Este tratado hermético, si bien lejos de ser realmente explícito y de estar libre de enigmas como querría el autor, es sin duda uno de aquellos que muestran más claramente cómo la «Gran Obra», representada aquí simbólicamente por la conquista del «Árbol de la Vida», no debe de ningún modo ser entendida en el sentido material que han querido atribuirle los pseudo-alquimistas; a cada credo, el verdadero hermetismo es contrapuesto a sus deformaciones o a sus falsificaciones. Algunos de los procedimientos explicativos utilizados aquí son verdaderamente curiosos, en particular el que consiste, para interpretar una palabra, en descomponerla en letras o en sílabas que constituirán el comienzo de otras tantas palabras, cuyo conjunto formará una definición; este procedimiento puede parecer meramente artificial, pero imita al que se usa en ciertas lenguas sagradas. También la introducción y las notas son dignas de interés, pero levantan a veces algunas reservas: Evola ha sido visiblemente seducido por las asimilaciones del hermetismo a la «magia», entendida aquí en un sentido alejadísimo de aquel que posee de ordinario, y por la del Adepto al «Héroe», en las cuales ha creído encontrar algo semejante a sus propias concepciones, lo que lo ha llevado a interpretaciones un poco tendenciosas; y, por otra parte, es de lamentar que no haya insistido más sobre aquello que se refiere al «Centro del Mundo», lo que nos parece completamente esencial, siendo de algún modo la clave de todo el resto. Por último, antes que «modernizar» el texto como se ha creído deber hacer, quizás hubiera sido mejor reproducirlo tal cual es, a costa de explicar las palabras o las formas cuyos arcaísmos podrían dificultar la comprensión.

1933

GEORGES MÉAUTIS. L’Ame hellénique d’après les vases grecs. [El Alma helénica según las vasijas griegas], L’Artisan du Livre, Paris.

Esta obra, muy bien ilustrada por numerosas reproducciones, parte de una excelente intención, la de «disipar ciertos equívocos concernientes a la mitología griega» y de mostrar «la gravedad y la seriedad de ciertos mitos»; ¿hasta qué punto el autor lo ha logrado? El punto de vista casi exclusivamente «psicológico» en el cual se encierra no es muy apropiado para poner de manifiesto un sentido verdaderamente profundo; y, de hecho, aquello que él llama el «valor emotivo» de las vasijas griegas, y al cual dedica toda la primera parte de su trabajo, no es de gran ayuda para la comprensión de nada: no encontramos la explicación del menor símbolo. Por otra parte, nos parece muy dudoso que la religión, que no tenía el mismo significado para los antiguos que para los modernos, haya sido para ellos algo tan sentimental; desafortunadamente, los psicólogos tienen la costumbre de atribuir, sin fundamento, a los hombres de todas las épocas y de todos los lugares sus propios modos de pensar y sentir… La segunda parte, en la cual se estudian las leyes de composición de la pintura de vasijas, es a nuestro parecer más interesante, bien que las consideraciones que ella contiene no superan el dominio de la «estética»; para ir más lejos, se habrían debido vincular estas leyes a las ciencias tradicionales de las formas y de los números, de las cuales manifiestamente derivan. Por último, en la tercera parte, el autor, a propósito de una vasija griega de Palermo, considera la cuestión del «Orfísmo en los Misterios de Eleusis»; critica muy justamente la incomprensión de ciertos «eruditos» modernos con relación a los Misterios, pero él mismo, si bien reconociendo que «no eran sermones ni plegarias», parece preocupado sobre todo por encontrar una enseñanza teórica, aún «moral», antes que la iniciación que eran en realidad, y que debía, por medio de sus ritos, poner al ser en un estado que le permitiese tomar directamente consciencia de ciertas realidades. Donde estamos en total acuerdo con él, es cuando protesta contra la costumbre de referir la civilización griega en su conjunto sólo al período «clásico»; más bien pensamos que las épocas anteriores, si pudiesen ser mejor conocidas, serían mucho más dignas de interés en muchos aspectos, y que hay allí [entre ellas] una diferencia muy comparable a la que separa a la Edad Media de los tiempos modernos.

A. SAVORET. Du Menhir à la Croix, essais sur la triple tradition de l’Occident. [Del Menhir a la Cruz, ensayos sobre la triple tradición de Occidente], Editions Psyché, Paris.

Este no es un libro propiamente dicho, sino más bien una recopilación de estudios un poco heteróclitos, que parecen haber sido reunidos muy rápidamente, pues el autor no le ha dado ni siquiera la forma de un todo coherente, al punto que, en el mismo volumen, ¡un capítulo es calificado de «artículo», y otro como «opúsculo»! En efecto, la mayor parte de estos estudios, habían sido publicados con anterioridad en la revista «Psyché»; ya hemos tenido oportunidad de hablar de algunos de ellos, y no es sorprendente pues que hayamos vuelto a encontrar todos los prejuicios «occidentales» que ya comprobamos entonces; el autor niega querer atacar al Oriente, pero, como lo opone a Occidente sin atender a razones y al poner a este último por encima de todo, la conclusión se deduce por sí sola… Una buena parte del volumen está llena de consideraciones lingüísticas de la más sorprendente fantasía, cuya presencia nos parece justificarse del modo siguiente: habiendo reunido el Druidísmo al Judaísmo y al Cristianismo para formar lo que el autor se complace en llamar la «triple tradición de Occidente» (¿por qué se excluye a la tradición greco-latina?), se trata de encontrar, sea como sea, aproximaciones entre el hebreo y las lenguas célticas; y, en efecto, tomando inconsideradamente palabras de los léxicos de las lenguas más variadas, puede encontrarse casi todo lo que se quiere, sobre todo si nos fiamos de transcripciones más que arbitrarias (la letra aïn, por ejemplo, no tiene absolutamente ninguna relación con una w). No insistiremos más, pero solamente observaremos lo curioso que resulta que todos estos «occidentalístas» prueben la necesidad de entregarse a las peores extravagancias filológicas; ¿cuál será la explicación de este extraño fenómeno?

1934

MARCELLE WEISSEN-SZUMLANSKA (Mme M. Georges Vicrey), L’Ame archaïque de l’Afrique du Nord [El Alma arcaica del Norte de África], Nouvelles Editions Latines Paris.

El estudio de los monumentos prehistóricos de Algeria es aquí sobre todo un pretexto para una suerte de fantasía más o menos literaria sobre las presuntas migraciones de los pueblos celtas, inspirada en gran parte en Fabre d’Olivet. Se habla mucho allí de una cierta «iniciación solar», calificada también como «espiritualista», y en la cual la «pintura al ocre rojo» parece jugar un rol considerable. Esta iniciación habría llegado de la Atlántida, que habría sido el lugar de origen de estos pueblos, calificados no obstante al mismo tiempo de «nórdicos» o «boreales»; ya hemos tenido ocasión de advertir otros ejemplos de esta sorprendente confusión. La atribución de los monumentos megalíticos a los «Gaélicos» es más que hipotética; y la historia de su retorno de la India hacia el Oeste, en busca de su patria perdida, no tiene ni sombra de verosimilitud. Apenas si hay necesidad de agregar, después de esto, que las tendencias de este libro son de un «occidentalismo» muy agresivo; y es esta sin duda la razón principal de su publicación.

PHILIPPE GUIBERTEAU, Musique et Incarnation [Música y encarnación], Cahiers de la Quinzaine, Paris.

Nos resultaría muy difícil no aprobar las intenciones del autor, y los principios sobre los cuales pretende apoyarse, por cuanto ha puesto al comienzo de su estudio un epígrafe traído de Le Symbolisme de la Croix, concerniente a la «ley de correspondencia» considerada como fundamento del simbolismo. Sólo resulta desagradable que la «materia» a la cual aplica tales principios no sea la más apropiada: los escritores modernos, por falta de datos tradicionales, mientras creen trabajar en simbolismo, muy a menudo no trabajan en realidad sino en una fantasía individual. Pensamos que es justo decir que, entre otros, este es el caso de Paul Claudel, de quien aquí se estudia el Soulier de satin: su alegoría geográfica, harto arbitraria, no recuerda sino de muy lejos la «geografía sagrada» a la que algunas veces hemos hecho alusión; y, cuando considera a las aguas como «significando el Espíritu de Dios», contradice el simbolismo común a todas las tradiciones, de un modo tan asombroso que es suficiente releer el comienzo del Génesis para advertirlo de inmediato: si «el Espíritu de Dios era llevado sobre las aguas», es evidente, que las aguas mismas representan otra cosa… Esperamos que Guiberteau, que no es de ningún modo responsable de estas «excentricidades», nos presente otros estudios de igual inspiración, pero dedicados con preferencia a escritores o poetas que sean verdaderamente algo distinto que «literatos».

GEORGES MÉAUTIS, Les Mystères d’Eleusis [Los Misterios de Eleusis], Editions de la Baconnière, Neuchâtel.

Este pequeño volúmen contiene primeramente una descripción del santuario de Eleusis sobre la base de los descubrimientos arqueológicos, y luego una tentativa de reconstrucción del modo en que se celebraban los Misterios, reconstrucción por fuerza incompleta, ya que en muchos puntos las referencias faltan por completo. El autor considera al «espíritu» de los Misterios con evidente simpatía, pero de un modo muy poco profundo: nada verdaderamente iniciático se transparenta allí de manera clara. Cuando habla, según Aristóteles, de las «impresiones» que allí se recibían, parece creer que se trate sólo de algo «psicológico», siguiendo la tendencia que ya habíamos advertido en su obra precedente sobre las vasijas griegas; si los neófitos estaban verdaderamente «cualificados», los estados en ellos provocados eran seguramente de otro orden; y, si acontece que los Misterios, en una cierta época, fueron demasiado largamente accesibles, su objetivo persiste no obstante siempre esencialmente el mismo. Es por otra parte notable que, a pesar de esta «vulgarización», que implica forzosamente una cierta degeneración, no haya sido cometida jamás alguna indiscreción; hay en ello una prueba incontestable de la fuerza de la tradición representada por los Misterios. Por lo que respecta a su origen, Méautis no piensa que se lo deba buscar en Egipto como muchos han pretendido, sino más bien en la Creta minoica; restaría por otra parte saber a qué se vincularía la antigua civilización cretense misma. Meautis llega a aceptar con penosa facilidad ciertas presuntas conclusiones de la «crítica» moderna, que son a veces de una… ingenuidad inaudita; hay en particular una historia de «gritos personificados» que, dentro de esta clase, supera lo imaginable; ¿qué cabeza tienen nuestros contemporáneos para ser capaces de creer en cosas semejantes?

J. EVOLA, Rivolta contro il mondo moderno [Rebelión contra el mundo moderno], Ulrico Hoepli, Milano.

En esta nueva obra el autor contrapone una a la otra la civilización tradicional y la civilización moderna, la primera de carácter trascendente y esencialmente jerárquico, la segunda fundada sobre un elemento puramente humano y contingente; luego describe las fases de la decadencia espiritual que ha conducido del mundo tradicional al mundo moderno. Tendremos que hacer algunas reservas sobre algunos puntos: así, al tratar de la única fuente originaria de los dos poderes sacerdotal y real, el autor tiene una muy marcada tendencia a poner el acento sobre el aspecto real en detrimento del aspecto sacerdotal; cuando distingue dos tipos de tradición, que refiere respectivamente al Norte y al Sur, el segundo de estos dos términos nos parece un poco impropio, aún si él no lo entiende en un sentido estrictamente «geográfico», ya que parece referirse principalmente a la Atlántida, que, de todos modos, corresponde al Oeste y no al Sur. Además de eso, tememos que él vea en el Budismo primitivo algo distinto de cuanto este fue realmente, porque le hace un elogio que, desde el punto de vista tradicional, no se comprende en absoluto; por el contrario, desprecia el Pitagorísmo de manera muy poco justificada; y podríamos reparar en otras cosas del mismo tipo. Esto no nos impide reconocer, como es justo, el mérito y el interés de la obra en su conjunto, y de recomendarla particularmente a todos aquellos a quienes preocupa la «crisis del mundo moderno», y que piensan como nosotros que el único medio eficaz para poner remedio consistiría en un retorno al espíritu tradicional, fuera del cual nada verdaderamente «constructivo» puede ser emprendido válidamente.

1935

ARTURO REGHINI, Per la restituzione della Geometria pitagorica [Por la restitución de la geometría pitagórica], Casa Editrice Ignis, Roma.

Se sabe, por diversos testimonios antiguos, que los Pitagóricos demostraban ciertos teoremas de modo totalmente distinto al de los modernos; sin embargo, sus demostraciones no nos han llegado; el teorema sobre la suma de los ángulos de un triángulo era demostrado independientemente del postulado de Euclides, pero entonces debía admitirse algún otro postulado como punto de partida, ¿cuál era este? El autor, después de haber examinado las diferentes hipótesis que han sido propuestas a este respecto, llega a admitir la existencia de un postulado de la «rotación» como el más conforme a las concepciones generales de los Pitagóricos, las cuales establecían un estrecho vínculo entre la geometría y la cosmología. Él muestra a continuación como tal postulado de la rotación, sin los postulados de Euclides y Arquímedes, baste para demostrar no solo el teorema en cuestión, sino también el teorema del cuadrado de la hipotenusa, y hasta para reconstituir completamente, de grado en grado, toda la geometría pitagórica del plano y del espacio. Las consideraciones concernientes al «pentalfa» y a los poliedros regulares son particularmente importantes, y no sólo desde el punto de vista geométrico tal como lo entienden los modernos: como el autor hace observar, para los Pitagóricos y para Platón la geometría era una ciencia sagrada, mientras que la geometría euclidiana, rompiendo todo ligamen con otros órdenes de conocimiento y deviniendo un fín en sí misma, ha degenerado en una ciencia profana; por otra parte nos proponemos volver próximamente sobre algunas de estas cuestiones.

ARTURO REGHINI, Il Fascio littorio [El haz lictor], extractos de la revista «Docens», Stab. Ambrosini, Roma.

En este breve estudio el autor examina el origen del haz romano, que parece estar en relación con los etruscos, y sus significados simbólicos y tradicionales. Desde este punto de vista, se observa ante todo que el número de los lictores que llevaban el haz delante de los principales magistrados era siempre de doce o un múltiplo o un submúltiplo de este número; además, el número de varas que formaban el haz parece haber sido igualmente de doce. La cuestión se relaciona entonces con la importancia del número doce en las diferentes tradiciones; el autor, sin pretender agotar este vastísimo tema, examina las principales concordancias que se advierten sobre este entre los distintos pueblos antiguos. Un tema presentado aquí, que merecería ser examinado más de cerca, es el del lugar que conviene asignar a la correspondencia zodiacal entre las otras aplicaciones del duodenario; todo esto, refiriéndose a los números cíclicos, puede ser relacionado, por otra parte, también al «símbolo del Universo» pitagórico, el dodecaedro, del cual ya se ha tratado en la otra obra de la cual hemos hablado anteriormente.

SERGIUS GORTAN ANCONA, The Substance of Adam [La sustancia de Adán], Rider and Co., London.

Este libro se presenta como la exposición de «un sistema de cosmogonía fundado sobre la tradición occidental»; pero, ¿de cuál tradición se trata? Por cierto no de la Cábala, ya que, si bien la idea de los «cuatro mundos» esta tomada de esta, la explicación que se da no tiene nada de auténticamente cabalístico; esta «cosmogonía» es, por otra parte, terriblemente complicada y confusa, y da sobre todo la impresión de una agitación frenética que alcanzaría a las jerarquías angélicas mismas! Aquí y allí se encuentran nociones provenientes del hermetismo y sobre todo del gnosticismo; pero la verdad es que las grandes «autoridades» del autor son, como por otro lado él mismo indica, Eliphas Lévi, Fabre d’Olivet y Saint-Yves d’Alveydre. Las obras de los dos últimos han inspirado especialmente la segunda parte, en la cual se encuentra una historia de la «raza blanca» que, ofrecida así sumariamente, resalta mucho más sus errores y sus fantasías que sus puntos realmente dignos de interés. Todo esto está muy lejos de representar una «pura tradición de pensamiento ortodoxo», y, con mayor razón, una tradición proclamada «superior a todas las otras»; se trata en definitiva de un libro de carácter netamente «ocultísta», lo que no tiene nada que ver con el espíritu tradicional. Lo mejor que hay allí es a nuestro parecer, hacia el final, las páginas en las cuales la época moderna es severa y justamente criticada: pero, si hay una glorificación de Occidente que el autor se ha propuesto escribir, hay que convenir que ella concluye de modo más bien fastidioso, y que se asemeja más a un anuncio de quiebra que a un himno triunfal…

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