GARGANTÚA Y PANTAGRUEL Libro I Cap LII 14 agosto, 2016 – Publicado en: RESEÑAS – Etiquetas:

GARGANTÚA Y PANTAGRUEL
Libro primero
Capítulo LII
François Rabelais
Cómo Gargantúa hizo preparar para el monje la Abadía de Thelema [1].

Faltaba solo recompensar al monje, y Gargantúa quiso hacerle abad de Sevillé; pero él rehusó. Quiso luego darle la Abadía de Bourgueil o de Saint-Florent, la que más le agradase de las dos; pero en seguida contestó que no quería carga ni gobierno de monjes; porque, como él decía: «¿Podría yo gobernar a otro cuando yo mismo no sabría gobernarme? Si os parece que os he hecho algún servicio y que en adelante podré hacéroslo, autorizadme para fundar una Abadía a mi gusto».

La iniciativa fue del agrado de Gargantúa, y le ofreció todo su país de Thelema, junto a la ribera del Loire, a dos leguas del gran bosque de Port Huault; además le requirió a que instituyese su religión al contrario de todas las demás.

—Primeramente —decía Gargantúa— no hará falta fortificar la Abadía ni circundarla de murallas como están las otras.

—Verdaderamente —replicó el monje—, y donde hay muros hay murallas, envidia y conspiración mutua.

Se dispuso que así como en ciertos conventos es costumbre cuando entra alguna mujer, es decir, las honestas y púdicas, limpiar los sitios por donde aquellas hubieran pasado, si religioso o religiosa entraron por caso fortuito, se limpiarán religiosamente todos los lugares que hubieran atravesado.

Puesto que en todas las religiones del mundo está todo acompasado, limitado y regulado por horas, se decretó que allí no habría relojes ni cuadrantes de ninguna clase, sino que las labores serían distribuidas según las oportunidades y ocasiones, porque, como decía Gargantúa, la mayor pérdida de tiempo está en contar las horas, pues de ello no viene ningún bien, y la mayor desazón del mundo está en gobernarse al son de una campana y no por los dictados del entendimiento y del buen sentido.

Ítem: Puesto que en aquel tiempo no entraban en religión más mujeres que aquellas que se encontraban tuertas, borrachas, gibosas, feas, contrahechas, locas, insensatas, tocadas de maleficios y enviciadas, ni más hombres que los asmáticos, mal nacidos, inútiles y vagabundos, se dispuso que allí no se recibiría sino a las hermosas, bien nacidas y bien formadas, y a los hermosos, bien formados y bien nacidos.

—A propósito —dijo el monje—. Una mujer que no es buena ni es bella, ¿para qué vale?

—Para monja —repuso Gargantúa.

—Y para hacer camisas.

Ítem: Como en los conventos de mujeres no entran hombres más que engañosa y clandestinamente, se decretó que allí no habría mujeres en el caso de que no hubiera hombres, ni hombres si no había mujeres.

Ítem: Puesto que tanto unas como otros, una vez profesos después de año del noviciado, estaban forzados y compelidos a permanecer allí toda su vida, se dispuso que entraran y salieran libremente cuando les pareciera oportuno.

Ítem: Como ordinariamente hacen tres votos, de obediencia, pobreza y castidad, se acordó que allí pudieran casarse honorablemente, que todos y cada uno pudieran ser ricos y viviesen en completa libertad.

En cuanto a la edad de ingreso para las hembras, había de ser de diez a quince años, y para los varones de doce a dieciocho.


[1] Thelema: palabra griega que significa voluntad.

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