GARGANTÚA Y PANTAGRUEL Libro I Cap LVII 14 agosto, 2016 – Publicado en: RESEÑAS – Etiquetas:

GARGANTÚA Y PANTAGRUEL
Libro primero
Capítulo LVII
François Rabelais
Cómo tenían regulada los thelemitas su manera de vivir

Tenían empleada su vida, no según leyes, estatutos ni reglas, sino según su franco arbitrio.

Se levantaban de la cama cuando buenamente les parecía; bebían, comían, trabajaban, dormían cuando les venía en gana; nada les desvelaba y nadie les obligaba a comer, beber ni hacer cosa alguna; de esta manera lo había dispuesto Gargantúa.

En su regla no había más que esta cláusula: Haz lo que quieras.

Porque las gentes bien nacidas, libres, instruidas y rodeadas de buenas compañías, tienen siempre un instinto y aguijón que les impulsa a seguir la virtud y apartarse del vicio; a este acicate le llaman honor. Cuando por vil sujeción y clausura se ven constreñidos y obligados, pierden la noble afección que francamente los inducía a la virtud y dirigen todos sus esfuerzos a infringir y quebrantar esta necia servidumbre, porque todos los días nos encaminamos hacia la prohibido, y constantemente ambicionamos lo que se nos niega.

Por efecto de esta libertad llegaron a la plausible emulación de hacer todos lo que a uno le fuera grato; si alguno o alguna decía bebamos, todos bebían; si decían juguemos, todos jugaban; si decían vamos a pasear por el campo, todos paseaban. Si decían vamos a cazar las damas montadas en sus bellas hacaneas, con su palafrén y su guía, llevaban cada una en su mano, enguantada delicadamente, un esmerillón o una alcotancillo; los demás pájaros los llevaban los hombres.

Tan noblemente estaban educados, que entre ellos no había uno solo que no supiera leer, escribir, cantar, tocar instrumentos de música, hablar cinco o seis idiomas y componer en prosa o verso. Jamás se han visto caballeros tan discretos, tan galantes, tan ágiles a pie y a caballo, tan fuertes para remar y para manejar todas las armas, como los que allí había.

Cuando para alguno, por llamamiento de sus deudos o cualquier otra causa, llegaba la hora de salir fuera, llevaba consigo una de las damas que de antemano le había escogido por suyo, y por consecuencia estaban ya juntos y casados; si en Thelema habían vivido en inclinación y amistad mutua, las continuaban con aumento en el matrimonio; tanto, que llegaban hasta el fin de sus vidas habiéndola pasado toda como el primer día de novios. […].

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