LA CAVERNA CÓSMICA Y LAS PUERTAS SOLSTICIALES PARTE I 6 Agosto, 2016 – Publicado en: ARTICULOS – Etiquetas:

LA CAVERNA CÓSMICA Y LAS PUERTAS SOLSTICIALES
Parte I
Revista de Estudios Tradicionales Nº 17, págs. 49 – 55
(Fragmento)

«Porque adentro y afuera, alrededor, arriba y abajo,
No hay más que un juego de sombras
jugado en una caja cuya candela es el Sol,
en torno al cual nosotros, fantasmas, vamos y venimos».
OMAR KHAYYÂM

Tratando de un tema de interés general, pero refiriéndonos a una situación que concierne a los miembros de la corriente iniciática tradicional que, con toda seguridad, subsiste en Occidente, decíamos, hacia el final de nuestro artículo «Operatividad y especulatividad»[1], que el estudio del simbolismo puede ser llevado a cabo de dos maneras, esencialmente diferentes, una sola de las cuales puede ser considerada legítima, siendo verdaderamente adecuada para su objeto. Una es ésa que reduce la «especulatividad» a disquisiciones finalizadas a sí mismas y semejantes a las de los filósofos, especialmente modernos; la otra es la que considera al simbolismo, en cambio, como un medio de expresión de verdades en sí mismas superiores a la forma de que se valen para ponerlas al alcance de la mano de las humanas facultades de conocimiento. Estas verdades, universales en su esencia, o metafísicas (adjetivo que asimismo les conviene porque es rigurosamente sinónimo del primero), constituyen la razón de ser misma del simbolismo, el objetivo que éste persigue y su fundamento. Por eso es que cualquier estudio del simbolismo que no comporte la aceptación de las realidades metafísicas a las que sirve de vehículo, lo privará de toda significación y legitimidad, ya que escindirá innaturalmente al medio del fin en vista del cual únicamente el simbolismo ha sido instituido. Los símbolos, privados así de su contenido vital, se verán reducidos a un simple residuo sonoro o figurado, y las discusiones sobre ellos a una pura ejercitación lógica y verbal que no permitirá en absoluto pasar, a quien a éstas se dedique, y por más ilusiones que se forje, de la esfera de lo individual a aquélla de lo universal, que es, en cambio, la normal función auxiliaria de todo simbolismo tradicional. Sin contar con que en estas condiciones algunos de ellos podrán, como es normal que suceda con un cuerpo sin vida, acabar desapareciendo del todo, a lo mejor después de haberse conservado por un tiempo indeterminado como «supersticiones» sin ningún valor intelectual profundo.

Interesante de por sí, porque vinculado a consideraciones a la vez metafísicas y cosmológicas de la mayor importancia, y además porque constituye un ejemplo clarísimo de la incomprensión en la que ciertos símbolos han caído en Occidente hasta perder todo su contenido intelectual, es el simbolismo de los solsticios, del que sin embargo las huellas materiales perduran en las fiestas de los «dos San Juan», Evangelista y Bautista respectivamente. Aunque no es posible, evidentemente, tratar en pocas páginas y de manera exhaustiva sobre ningún símbolo, y menos todavía sobre éste, riquísimo –como se verá– de desarrollos y referencias a las doctrinas tradicionales orientales, en donde solo encuentra una plena ilustración, ahora procuraremos brindar alguna orientación para su comprensión, aclarando por otra parte que los datos que expondremos no son de ninguna manera el fruto de nuestra fantasía, sino de la coordinación y en algunos casos del desarrollo lógico de las exposiciones hechas por René Guénon sobre el argumento en una serie de artículos aparecidos en épocas distintas[2]. Agregamos además que, a fin de poder llegar posteriormente a la consideración y a una explicación más comprensible del simbolismo solsticial, conviene partir de un dato tradicional que aparentemente no tiene mucho que ver con éste. Se trata del simbolismo de la caverna, ecos del cual se descubren aun en los residuos de tradiciones occidentales desde hace tiempo extinguidas, y en particular en autores tardo-pitagóricos y en la misma obra de Homero. Quienquiera recordará, por otra parte, la imagen de la caverna contenida en la obra de Platón, y por eso es que la tomaremos como punto de partida para nuestra exposición.

[1] «Revista de Estudios Tradicionales» nº 16.

[2] Estos artículos se encuentran actualmente contenidos en la obra póstuma de R. Guénon, Símbolos de la Ciencia sagrada.

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